Referencias Históricas
Nuestra Historia en Puerto Sagunto
Las sociedades musicales en Puerto Sagunto
La Comunitat Valenciana concentra una de las densidades de músicos más altas del planeta. Evidentemente no es una exageración. Al cierre de 2025 existían más de 550 sociedades musicales federadas. Había más de 40.000 músicos federados y cerca de 60.000 alumnos en sus escuelas, según los datos de la FSMCV.
Se estima, por consiguiente, que el cincuenta por ciento de las sociedades musicales de toda España están en territorio valenciano, lo que da una idea del impacto que representa en el contexto nacional y la importancia del papel que han jugado y siguen teniendo las bandas de música en el seno de las sociedades musicales y las áreas geográficas donde trabajan.
Ante esta realidad palmaria, Puerto Sagunto no podía ser ajeno, aunque durante un largo periodo de tiempo no ha dispuesto de una sociedad musical, es decir, entre el año 1962 de la de la centuria pasada y principios del siglo XXI. Durante estos más de cuarenta años, el municipio de Sagunto contaba únicamente con la centenaria Lira Saguntina, instalada en el casco histórico, aunque también atendía la demanda de la población porteña.
El origen de todo
Durante la Segunda Revolución Industrial, el mineral de hierro adquirió un carácter estratégico para las principales potencias industriales europeas, desempeñando un papel comparable al que las tierras raras representan en la actualidad. Según recoge en su página web la Autoridad Portuaria de Valencia, la creciente demanda internacional impulsó un notable incremento de las exportaciones españolas a partir de la década de 1870. Entre 1891 y 1900 se embarcaron aproximadamente sesenta millones de toneladas de mineral de hierro, volumen que llegó a representar el sesenta y siete por ciento de las exportaciones nacionales. Los destinos de estas mercancías fueron los puertos de Gran Bretaña, Alemania y Francia, aunque el Reino Unido concentró, a finales del siglo XIX, cerca de las tres cuartas partes de las compras.
El aumento sostenido de la demanda internacional provocó una revalorización del mineral, favoreciendo la rentabilidad de yacimientos situados en el interior peninsular, que hasta entonces habían permanecido sin explotar debido a los elevados costes de transporte. En este contexto, un informe elaborado en 1889 sobre la viabilidad económica de las minas de Ojos Negros estimaba que el coste del mineral puesto en puerto ascendería a cinco pesetas por tonelada, de las cuales 1,52 pesetas correspondían a la extracción y 0,015 pesetas por kilómetro al transporte, cifras que evidenciaban la importancia de dotar a la explotación de una infraestructura logística eficiente.
En este escenario de expansión minera, el siete de agosto de 1900 Ramón de la Sota y Llano y su primo Eduardo Aznar de la Sota suscribieron en Ojos Negros (Teruel) el arrendamiento, por un periodo de sesenta años, de las minas de la Sierra Menera a la sociedad Echevarrieta y Larrinaga. Como consecuencia de este acuerdo, el tres de septiembre de ese mismo año constituyeron en Bilbao la Compañía Minera de Sierra Menera, empresa que asumiría la explotación del yacimiento. El contrato establecía, además, la obligación de construir un ferrocarril y un puerto de embarque vinculados a la actividad minera, con capacidad para exportar, al menos, 500.000 toneladas anuales.
La elección para el emplazamiento del puerto de embarque generó una intensa competencia entre las ciudades de Valencia, Castellón, Burriana y Vinaròs, todas ellas interesadas en albergar una infraestructura que prometía importantes beneficios económicos y estratégicos. Finalmente, la playa de Sagunto fue seleccionada como ubicación definitiva, al ofrecer el trazado ferroviario más favorable para conectar las minas de Sierra Menera con el litoral mediterráneo. Fue así, al abrigo del emporio industrial que promovieron los industriales vascos, como nació el ‘Poblado del Puerto’, convertido hoy en el núcleo de población más importante del municipio de Sagunto y de la comarca del Camp de Morvedre.
Las primeras bandas
Si hay alguien que conoce como nadie la historia de las sociedades musicales de Sagunto, ese es el músico José Moliner Torró, toda una institución en las bandas de música del Camp de Morvedre, de hecho, su padre, Ángel Moliner, ya formó parte de las dos primeras formaciones que iniciaron su andadura en el ‘Poblado’ del Puerto, allá por los años veinte del siglo pasado. Primero, la Sociedad Musical Sota y Aznar, auspiciada y patrocinada también por los navieros vascos. Después, tras la proclamación de la II República Española, en abril de 1931, la Banda de Los Republicanos, más cercana a los valores progresistas y republicanos de la clase trabajadora.
Tal y como recuerda Moliner: «La banda de los Republicanos estaba formada por personas que pertenecían a partidos republicanos y de izquierdas. La de los señoritos, por así decirlo, era la Sociedad Musical de Sota y Aznar». Ambas agrupaciones tenían sus apodos, la de Sota y Aznar era conocida por la banda de los ‘caracoleros’, porque algunos días, después de salir a tocar, llovía. Por su parte, a los Republicanos también se les apodaba ‘los gitanos’, pues, al carecer de uniformidad, no vestían bien, relata el veterano músico.
El primer director de la Sociedad Musical Sota y Aznar, la de los ‘señoritos’, fue Hermenegildo Lerma, quien, además, se encargó de estructurar la escuela de música y preparar a los primeros músicos que formarían la banda, entre ellos, un jovencísimo Miguel Villar González, que ingresó, con nueve años, como instrumentista de clarinete. Posteriormente, le sucedió en el puesto el pianista Manuel Rico, asumiendo las riendas de la agrupación tras el periodo fundacional, liderado por Lerma.
En 1929 y hasta que estallara la Guerra Civil Española, Miguel Villar se hizo cargo de la dirección de la banda de música de la Sociedad Musical Sota y Aznar, contando dieciséis años y convirtiéndose, así, en el director más joven de España. Este músico y compositor, nacido en Sagunto el diez de abril de 1913, aprendió solfeo con el profesor Eduardo Bort, cursó estudios en el Conservatorio de Valencia y estudió armonía y composición con los maestros Pedro Sosa, Miguel Asensi y Joaquín Turina. Hoy se le recuerda en el municipio de Sagunto con un espacio público que lleva su nombre, el Passeig del Mestre Villar, ubicado en el núcleo del Puerto.
Al no triunfar en todo el territorio nacional el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, se desencadenó una cruenta guerra civil que se prolongó por espacio de tres años, hasta el primero de abril de 1939. El enfrentamiento armado entre los que se alzaron contra la II República y los que la defendieron, dio al traste con iniciativas culturales que también se quedaron por las cunetas, la Sociedad Musical Sota y Aznar no fue una excepción y durante algunos años el Puerto de Sagunto se quedó sin sociedad musical, sin escuela de educandos y sin su banda de música.
1942, la banda del Tío Piché
Algunas fuentes sitúan el nacimiento de la nueva sociedad musical, Santa Cecilia de Altos Hornos de Vizcaya y Junta Pro-Cultura de Puerto Sagunto, en 1942, bajo la dirección de José Lledó Sampedro, natural de Sueca (Valencia), perito industrial que ingresó en la siderúrgica y compaginó su trabajo en la Sala de Dibujo de Talleres con la enseñanza musical. Lledó Sampedro, conocido popularmente por el sobrenombre del “Tío Piche”, disponía de una sólida formación académica, pues estudio la carrera de piano, violín, armonía y composición, así como dirección de orquesta en el Conservatorio de Valencia, donde fue alumno de Manuel Palau Boix.
Según cuentan las crónicas de la época, a las 18 horas del 20 de noviembre de 1942, en el Casino Recreativo y Cultural de la Gerencia, la nueva formación musical ofreció su primer concierto bajo la batuta de Lledó Sampedro. El crecimiento de la banda fue exponencial, pues la integraban trabajadores de la empresa siderúrgica que, cuando acudían a ensayos, pasacalles o conciertos, cobraban su sueldo como si estuvieran trabajando en la misma factoría.
En vistas de que la formación fue progresando a lo largo de la década de 1940, en el último trimestre de 1949, el entonces director de la fábrica de Sagunto de Altos Hornos de Vizcaya, S.A., Jerónimo Roure, tomó la decisión de impulsar todavía más la sociedad musical. Así fue, Roure remitió una carta a José Lledó Sampedro, que prestaba sus servicios en la Sala de Dibujo de Talleres. En aquella misiva, fechada el 29 de noviembre de 1949, la máxima autoridad de la compañía siderúrgica le encargaba dedicación plena a la sociedad musical: «Tengo el gusto de comunicar a Vd. que he decidido destinarle, por ahora, exclusivamente, a actividades musicales, por lo que a partir del 1º de diciembre próximo dejará de asistir a la Sala de Dibujo de Talleres, y sus nuevas funciones, de momento, serán las siguientes:
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Continuará Vd. haciendo el servicio de organista en todos los cultos de la iglesia para los que se le requiera, ya tengan lugar en días laborables ya en días festivos.
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Ejercerá las funciones de profesor de música en la Escuela que sostiene la Junta Pro-Cultural y Mejoras de este poblado con la obligación de hacer dos horas de clase diarias, salvo domingos y festivos.
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Asimismo, dará Vd. dos horas de clase también diarias en la Escuela de Música Parroquial para lo que se pondrá en relación con el Revdº. Sr. Cura Párroco al objeto de fijar el horario más conveniente».
Concluía la misiva recordándole al señor Lledó que: «Desde luego, estas obligaciones son mínimas y como Vd. con ellas no cubre una jornada corriente de trabajo si más adelante esta Dirección le encargase de otro u otros cometidos, Vd. no podrá exigir por ello mayor retribución de la que ahora disfruta, siempre que esté dentro de los referidos límites de jornada corriente».
Así fue como otra empresa, en este caso la fábrica de Sagunto de Altos Hornos de Vizcaya, S.A., impulsaría el nacimiento y consolidación de la nueva sociedad musical, la segunda desde el nacimiento del Poblado del Puerto, formado al abrigo del imparable crecimiento fabril. Sin embargo, el director de la banda, José Lledó Sampedro, pese al esfuerzo que realizaba, no estaba muy satisfecho por el trato que le daba la empresa, hasta el punto de que trasladó su disconformidad al director de la factoría en un escrito remitido el 20 de mayo de 1950.
En efecto, en aquella carta el señor Lledó Sampedro expresaba su malestar en los comedidos términos que se toleraban en la época: «Habiéndome enterado del ascenso habido en el departamento “Sala de Dibujo” de todos aquellos que correspondieron a la categoría de Delineantes de Segunda, le ruego perdone el atrevimiento de indicárselo, por si acaso fue olvido, por no figurar en esa relación, ya que no me siento partícipe de tal beneficio.
Repitiendo el perdón y gratitud le saluda muy atentamente, este su incondicional y subordinado s.s.q.e.s.m.».
Gracias a esta carta, en la que el director de la escuela de educandos y la banda transmitía su queja a la alta dirección de la compañía, se puede conocer el detalle de las actividades que en aquellas fechas desarrollaba la escuela. En el centro de Enseñanza Media, donde hoy se encuentra la Tenencia de Alcaldía, ofrecía asistencia diaria de clases de música para los cuatro cursos de Bachiller y uno de Magisterio, alternando de 15 a 17 horas.
Por otro lado, en la Academia de Música, también con asistencia y clases diarias, ofrecía formación de solfeo, con el Método Completo de Solfeo de Hilarión Eslava, en horario de 17:30 a 18:45 horas. Ejercicios de entonación de 18:45 a 19:45 horas. Lecciones de instrumentos, en particular para aquellos que los requiriesen, de 19:15 a 20:00 horas, y, por último, estudios de instrumental de 20:00 a 21:00 horas.
Por otro lado, y según se desprende de las notas manuscritas del propio Lledó Sanpedro, sobre la misma carta que le remitió Jerónimo Roure el 29 de noviembre de 1949, no estaba muy conforme con el trato que recibía por parte de la empresa: «A partir de esta fecha [primero de diciembre de 1949] no tengo ningún día de fiesta semanal (y me corresponde) y si algún permiso he solicitado, aparte de los tres de reglamento, me han sido descontados».
Según relata José Moliner Torró, testigo de excepción sin ninguna duda, la banda del ‘Tío Piché’ o la Banda de Santa Cecilia de Altos Hornos «Normalmente, la mayoría de las actuaciones las hacía en un entablado que estaba montado durante todo el año en la Alameda. A la salida de misa de doce, que es a la que acudían los ingenieros y sus señoras. Cuando salían de misa tenían ahí el espectáculo para escuchar música, porque creo que el delegado de la banda era uno de los ingenieros y él organizaba que, a la salida de misa de los señoritos, de los ingenieros, tuviesen el espectáculo. La gente seguía de pie la actuación de la banda. Luego, por descontado, la banda del ‘Tipo Piché’, procesión que había en el Puerto Sagunto, procesión en la que salíamos, exactamente igual que con las cabalgatas de reyes. Todos los actos que hacía falta. Tanto la banda del ‘Tio Piché’, como la de Cornetas y Tambores de Juventudes, tocaban juntas, la de cornetas y tambores iban abriendo y la del ‘Tío Piché’ cerrando».
En el capítulo de las anécdotas, comenta Moliner que como el alumbrado por la noche no era muy bueno, «don José Lledó se las ingenió para que el músico tuviese su luz, portando los músicos una linterna en la cabeza, alimentada con una pila de petaca que se guardaba en el bolsillo de la chaqueta».
Segundo proyecto que zozobra
En 1964, a los 47 años, falleció José Lledó Sampedro, sin embargo, la Sociedad Musical que pusiera en marcha a principios de la década de los años 40 del siglo XX, desapareció dos años antes, en julio de 1962. Tal y como recoge Buenaventura Navarro en el tomo III de Historia del Puerto Sagunto (pp. 391 y ss.), el verdadero punto de inflexión en la organización del trabajo en Altos Hornos de Vizcaya (AHV), en Puerto Sagunto, se produjo a finales de la década de 1950 con la implantación de la Organización Científica del Trabajo (OCT) mediante la metodología Bedaux. Esta fue introducida por la empresa Bedaux Ibérica, S. A., a través de su delegación de Barcelona, circunstancia que dio origen a la denominación con la que popularmente se conocieron estos procedimientos: los «métodos Bedaux».
La introducción del sistema Bedaux en la fábrica de Sagunto no respondió únicamente a criterios de mejora de la productividad, sino que formó parte de una estrategia empresarial más amplia, orientada a desmontar el costoso modelo de paternalismo industrial tradicional y sustituirlo por una lógica eminentemente mercantil y financiera.
Hasta la década de 1950, la factoría de Sagunto de Altos Hornos de Vizcaya funcionaba, en la práctica, como una auténtica ‘company town’. La empresa ejercía un control casi absoluto sobre la vida de sus trabajadores, pero, al mismo tiempo, mantenía un amplio compromiso social con ellos. Como es bien conocido, proporcionó viviendas, economato, escuelas, asistencia sanitaria propia e incluso infraestructuras destinadas al ocio y a la vida comunitaria.
La implantación de los métodos Bedaux alteró profundamente este equilibrio. A partir de entonces, la compañía buscó que su principal y progresivamente único compromiso económico con el trabajador fuera el salario directo, vinculado estrictamente al rendimiento individual medido mediante el sistema de puntos Bedaux. Bajo la premisa de que el obrero podía incrementar sus ingresos a través de primas asociadas a una mayor productividad, se redujeron o congelaron las inversiones destinadas al mantenimiento y desarrollo de los servicios sociales de la fábrica.
Este cambio de modelo respondía también a razones económicas. El amplio entramado de prestaciones sociales suponía un elevado coste fijo para la empresa. Con la implantación de la Organización Científica del Trabajo (OCT), AHV reorientó sus recursos hacia las inversiones técnicas y productivas, al tiempo que se desvinculó progresivamente de los costes asistenciales derivados del mantenimiento de aquella comunidad industrial que había caracterizado durante años el modelo paternalista de la empresa.
En este nuevo marco es donde la siderúrgica tomó la decisión, en julio de 1962, de disolver la sociedad musical que puso en marcha a principios de 1940. El colectivo de músicos se quedó huérfano, sin embargo, la Lira Saguntina, que no pasaba por su mejor momento, aprovechó el cierre de la sociedad musical porteña para coger impulso, tal y como recuerda José Moliner: «Cuando desapareció la banda de Santa Cecilia de Altos Hornos, los músicos que se quedaron sin agrupación musical, en su mayoría, casi el cien por cien, se marcharon a la Lira Saguntina, que los acogió con los brazos abiertos, les pagaba hasta el taxi para ir a Sagunto a ensayar y gracias a ello la Lira Saguntina se recuperó, pues estaba pasando por un mal momento, porque, además, había músicos que se dedicaban más tiempo a ir en orquestinas por ahí y no acudían a los ensayos. La dirección de la Lira Saguntina a esos músicos no los quería. Entonces, cuando fueron los de aquí, del Puerto, la Lira Saguntina recuperó bastante prestigio».
Con la sociedad musical porteña desaparecida, debido a una decisión empresarial, la Lira Saguntina, sin embargo, tuvo que bajar los domingos a tocar en la Alameda, así lo explica Moliner: «Curiosamente, cuando desapareció la Banda de Santa Cecilia, como la mayoría de los músicos se habían ido a Sagunto, se dijo que fuera la Lira la que bajara a tocar, y estando Julio Ribelles Nebot de director, antes de irse a Palma de Mallorca como director de la Banda Municipal, bajaban a dar el concierto a la salida de misa de doce y venía en el trenillo la Lira Saguntina cada dos domingos a tocar».
Nace la Unión Musical Porteña
Fue el 28 de abril de 2004 cuando se realizó la primera asamblea informativa en el salón de actos del Centro Cívico de Puerto Sagunto para promover la constitución de una sociedad musical en Puerto Sagunto, y, antes de dos meses, el 23 de junio de 2004 se llevó a cabo la asamblea constituyente, a la que acudieron más de un centenar de asociados, que, entre varias propuestas, aprobaron que la nueva entidad se denominara Unión Musical Porteña. Para aquel acto se enviaron por correo un total de 242 cartas, ya que ese era el número de socios que hasta la citada fecha se habían sumado a la iniciativa. O sea, entre el 28 de abril y el 23 de junio de 2004 se sumaron al proyecto 242 personas.
El acto tuvo por escenario la Casa de Cultura de Puerto Sagunto y a él asistieron también los concejales de Cultura y Enseñanza de la época, Manuel Civera Gómez y Ximo Estal Lizondo, respectivamente, que fueron invitados por la junta promotora para presidir el acto. El concejal de Cultura se encargó de su apertura y el de Enseñanza de su clausura.
El acta fundacional de la Unión Musical Porteña se formalizó a las 18 horas del 28 de julio de 2004, celebrándose la reunión en la calle Periodista Azzati núm. 24 de Puerto Sagunto, donde se encontraban las oficinas del periódico comarcal El Económico. Las personas físicas en calidad de promotores de la sociedad que figuran en dicho documento, la mayoría de ellas vinculadas al rotativo, son: José Lloriz Aguilera, que fue el primer presidente; Ignacio Belzunces Muñoz, que fue primer secretario de la entidad; Luis Cuadau Marco, primer administrador; Miguel Almor Marzal, que fue el segundo presidente, Asunción Edo Vicent, tercera y quinta presidenta de la sociedad; Daniel Carrillo Artolazabal, Eduardo Almor Ruiz, Pedro Edo Gonzalo, Enrique Villalba Alonso, Fernando Cos-Gayón Domínguez, y Eduardo Alberola Royuela. En esta reunión constitutiva actuó como presidente José Lloriz Aguilera y de secretario Ignacio Belzunces Muñoz.
La escuela de música
Se aprovechó la inactividad de la época estival para inscribir la Sociedad Musical en el Registro de Asociaciones de la Generalitat Valenciana y también en Hacienda, gestiones que realizó el asesor jurídico de la agrupación musical, Eduardo Alberola Royuela, que desde el primer momento asistió a la Unión Musical Porteña en esta materia de forma totalmente desinteresada.
Aunque en la asamblea constituyente se anunció que la escuela de educandos se pondría en marcha en el mes de enero de 2005, los meses de julio y agosto de 2004 fueron de gran utilidad para preparar la oferta educativa de la Escuela de Música, que, por razones de estrategia, adelantó el comienzo de sus actividades a octubre de 2004. Este adelanto de varios meses obligó a la junta directiva a trabajar con rapidez para lanzar la oferta formativa a la población el 30 de agosto de 2004 a través de una intensa campaña de publicidad mediante la colocación de 400 carteles y la inserción de anuncios, a página completa y de forma gratuita, en el periódico comarcal El Económico.
El período de matriculación, que transcurrió entre el 10 y el 30 de septiembre de 2004, se cerró con un total de 138 alumnos matriculados. Para esa fecha, la Unión Musical ya contaba con cerca de 400 socios. A las 18 horas del primero de octubre de 2004 dio comienzo el acto de apertura del curso académico 2004-2005 de la Escuela de Música de la Unión Musical Porteña, en el salón de actos del Centro Cívico de Puerto Sagunto. La asistencia fue muy numerosa, con más de un centenar de personas.
Presidieron el evento la alcaldesa del municipio, Gloria Calero Albal y el edil de Enseñanza Ximo Estal Lizondo. Invitado por la Unión Musical, acudió también el director del Colegio Público de Nuestra Señora de Begoña, Pedro García Ferrandis, después nombrado socio de honor. En este acto se presentó al director de la escuela de educandos, Manuel Chust Gallart y al profesorado. Complicaciones de última hora en la terminación de las obras de nueva construcción del citado colegio, aconsejaron retrasar, por razones de seguridad, el inicio de las clases del cuatro al trece de octubre de 2004, y, por tanto, de la actividad formativa musical. Cabe destacar que la escuela de educandos inició su marcha sin incidencias dignas de mención. Todo iba sobre ruedas.
La sede social
El entonces grupo Arcelor, al que pertenecía la empresa Sidmed, hoy ArcelorMittal Sagunto, cedió en uso a la UMP los locales de las antiguas oficinas generales de los Altos Hornos, hoy de propiedad municipal. La firma del acuerdo se llevó a cabo el 19 de noviembre de 2004, siendo suscrito el documento de cesión por el entonces presidente de la Sociedad Musical, José Lloriz Aguilera y el director general de Sidmed, Vicente Aliaga Bonanat.
Al acto asistieron otros directivos de la sociedad musical: su vicepresidente, Miguel Almor Marzal, el administrador de la entidad, Luis Cuadau Marco, y el secretario de esta, Ignacio Belzunces Muñoz, así como Benjamín Pérez, responsable de los servicios jurídicos de la compañía siderúrgica.
En estas instalaciones, cuya entrega se materializó el primero de diciembre de 2004, se ubicó de forma inmediata la sede social de la Unión Musical Porteña: oficinas, archivo, local de ensayo para la banda y paulatinamente se fue adaptando para las actividades de la Escuela de Música, que, como se ha indicado, en el curso 2004/2005 se iniciaron y desarrollaron en los locales del colegio público de Nuestra Señora de Begoña, sin embargo, la práctica totalidad del alumnado del curso 2005/2006 ya asistió a sus clases en las nuevas dependencias de las oficinas generales, convenientemente habilitadas para esta función formativa.
Según recogió El Económico en sus ediciones de la época, el presidente de la Entidad, José Lloriz Aguilera, a la firma del convenio con la empresa siderúrgica manifestó: «Este acuerdo al que hemos llegado con la empresa siderúrgica, supone un hito importante en la corta vida de la Unión Musical Porteña, a la vez que un apoyo a tener muy en cuenta, en la medida en que la empresa más importante de la zona y más arraigada en el tejido social de la ciudad, reconoce con este gesto de generosidad la labor de difusión y promoción de la música que nos hemos propuesto en la Unión Musical y ya estamos desarrollando».
Concluía el presidente de la sociedad musical agradeciendo el gesto: «quiero agradecer públicamente a los señores Vicente Aliaga y Benjamín Pérez su apoyo para que haya sido posible llegar a este acuerdo. La verdad es que el Grupo Arcelor ha hecho un gran favor a esta sociedad musical y también al conjunto de la población, pues con estas instalaciones será más fácil potenciar la formación musical entre nuestros vecinos».
La banda
El 17 de diciembre de 2004 se realizó el primer ensayo de la banda de la Unión Musical Porteña en el salón de actos del Colegio Público de Nuestra Señora de Begoña, al que acudieron 18 músicos. Se utilizó este local de forma provisional, mientras, paralelamente, se habilitaba la sala de ensayos en la sede social de las Oficinas Generales. A partir de esta fecha se realizaron los ensayos dos veces a la semana. El primer pasacalles de la Unión Musical Porteña se llevó a cabo el 23 de diciembre de 2004 para felicitarle las fiestas a los vecinos. Transcurrió por las avenidas Camp de Morvedre y 9 de Octubre de Puerto Sagunto.
En este primer acto oficial de la banda de música, se procedió a la bendición de la bandera a cargo del cura párroco de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. El diseño del estandarte fue realizado por el secretario de la sociedad musical, Ignacio Belzunces Muñoz y su confección fue sufragada por Asunción Edo Vicent, vocal de la Junta y primera abanderada, cumpliendo así su compromiso adquirido en la asamblea del 28 de abril de 2004.
La banda continuó sus ensayos para preparar el concierto inaugural que se celebró el 29 de mayo de 2005 en la casa de cultura de Puerto Sagunto, con un rotundo éxito de público que abarrotaba el local. Más de 600 personas se dieron cita. A este primer concierto, dirigido por Manuel Chust Gallart, asistieron diversas autoridades del municipio, entre ellas, la alcaldesa de Sagunto Gloria Calero Albal.
Cabe destacar que en este primer evento se estrenó el himno de la Sociedad Musical, cuya música fue compuesta por José Sanchis Cuartero, y la letra fue obra de Fernando Cos-Gayón Domínguez. Para el estreno del himno se contó con la actuación especial de la Coral San José.
Crecimiento
Entre 2007 y 2015, bajo la presidencia de Lorenzo Peláez Ruiz, que fue el cuarto presidente de la sociedad, la UMP vivió unos años de esplendor, que se materializaron, básicamente, en la remodelación de las instalaciones de la entidad, ubicadas en las Oficinas Generales que, como consecuencia del acuerdo de gobierno para el Ayuntamiento de Sagunto, alcanzado entre el PP e Iniciativa Porteña, se logró que el municipio de Sagunto se hiciera, después de tantos años, con la propiedad de la Gerencia, las Oficinas Generales y el Economato, de ahí que el consistorio pudiera dedicar unos fondos para el acondicionamiento del emblemático edificio, cuya ala este está ocupada por dependencias municipales y su lado oeste por la Unión Musical Porteña, que ya obtuvo la cesión por parte de la anterior propietaria, la empresa siderúrgica. Sin embargo, desde mayo de 2015, el proyecto de remodelación del edificio que solo se materializó en la planta baja, quedó paralizado hasta la fecha, quedando pendiente de acometer el sótano y la primera planta.