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La música nos trasforma

La Música no es más que una secuencia de sonidos ordenados, una representación del paso del tiempo basada en ruidos, silencios y ritmos pero su poder para provocar reacciones emocionales en los humanos, desde la tristeza a la alegría, es tal que se ha convertido en referente de nuestro comportamiento como especie. Además del lenguaje, la capacidad para disfrutar de la música es una de las pocas habilidades que nos diferencian del resto de los animales y, al igual que nos ocurre con hablar,es imposible pensar en llegase un día que no escuchásemos ni una sola nota de música.

Está comprobado que si escuchamos melodías agradables nos repercuten en nuestro estado de ánimo y pueden tener una influencia positiva en el desarrollo cognitivo humano, en nuestra inteligencia e incluso en nuestra salud. De hecho, es posible que la música “imite” la organización de ritmos internos de nuestro cuerpo, como el latido del corazón, el tempo de la respiración o la sonoridad vocal de las palabras. De ese modo podría explicarse por qué todas las manifestaciones musicales del mundo cuentan con una base emocional común. Por muy diferentes que sean su estructura, tonalidad o ritmo, cualquier clase de melodía comparte una línea básica, expresando perfectamente la emoción que quiere trasmitir aunque no conozcamos ni la melodía ni el idioma en el que se canta pero si una canción es triste, lo detectamos al instante y si es alegre, nos contagia rápidamente.

Afortunadamente, la música tiene una capacidad extraordinaria de sorprendernos, da igual a qué raza pertenezcamos, los mínimos rudimentos emocionales del habla son reconocibles universalmente, con la música pasa lo mismo, por ejemplo las melodías lentas y con cadencia descendente generan en los que las escuchan sensaciones de tristeza mientras que las cadencias ascendentes producen sentimientos estimulantes.La conjunción de estos efectos provoca una cascada de emociones en el cerebro humano.

 

 

Hay que destacar que  el poder evocador de las melodías es prácticamente total: estimula la imaginación visual, el entorno lingüístico,la memoria… Cuanto más se profundiza en el conocimiento de la materia, más evidentes parecen las virtudes de la música. No podemos asegurar que la música nos haga más inteligente pero todos sabemos que es muy importante para el desarrollo intelectual infantil el estudio de partituras, la educación musical y el contacto con instrumentos, ésto son piezas básicas en la educación infantil.

En el caso de los niños, es evidente que la música genera estados de relajación y concentración muy beneficiosos para el estudio y que, el estímulo auditivo produce efectos en el complejo y plástico entramado de conexiones neuronales que se teje durante la infancia. Los pequeños se muestran familiarizados con canciones que han escuchado dentro del vientre materno y que su memoria de estos acontecimientos puede durar hasta un año. Y también que, los bebés de apenas unos meses de edad son capaces de reconocer las melodías de una nana que les canta habitualmente su madre aunque se le cambie la clave y el tono. Nadie puede negarlo. El ser humano es un animal musical y ese prodigioso lenguaje de notas y ritmos que ha ideado la especie humana forma parte de nuestra naturaleza.

 

 

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El poder de la música

En el post de hoy, vamos a hablar de uno de los grandes logros de la vida, todos y todas tenemos alguien cercano que sufre demencia o esa cruel enfermedad denominada Alzheimer, la solución para intentar aliviar esa enfermedad está al alcance de todos; la música.

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Una enfermedad incurable y muy dura, no solo para los que la sufren sino para el entorno más cercano del enfermo. Actualmente, los fármacos que existen para combatir esta enfermedad no frenan su progreso, sus fases avanzan y solo pueden mejorar en algunos aspectos su calidad de vida. Pero siempre existe una alternativa para sobrellevar de la mejor manera posible esta enfermedad y, el bienestar de la persona afectada. Son “terapias de no prescripción médica que pueden aportar beneficios en el ámbito de la comunicación con el entorno y ayudar a controlar los trastornos de conducta que se sufren .

Una de las mejores terapias de tipo no médico para ayudar a combatir el Alzheimer es: la MÚSICA.

 

La música es una de las experiencias sensoriales, motoras, cognitivas y emocionales más potentes y diversas que el ser humano puede disfrutar. La música está presente en nuestro día a día, nos evoca recuerdos, aflora emociones, proporciona bienestar, alivia el estrés, activa nuestro cerebro…nos puede ayudar a recordar o , si lo preferimos a olvidar, pero sobre todo nos acerca a los demás.

En la búsqueda para combatir esta cruel enfermedad como es el Alzheimer, hay estudios que confirman que la música evoca emociones que influyen en nuestro sistema nervioso autónomo, estimula el funcionamiento cognitivo y activa el cerebro involucrando simultáneamente múltiples regiones. Por eso, se ha comprobado que las personas con Alzheimer que escuchan música activan sus recuerdos. Este efecto estimulante de la música se potencia si las canciones son significativas para esa persona y, tienen una vinculación emocional con sus recuerdos y vivencias, creando así la “banda sonora de su vida”.

 

 

 

Cuando una persona cercana sufre Alzheimer, debemos averiguar qué tipo de música le gustaba, o cuáles eran sus grupos o solistas favoritos, canciones de su época, qué le gustaba bailar, si cantaba en algún coro o formaba parte de un grupo musical, xaranga, etc., para así conseguir que ese enfermo active su cerebro y generarle una situación de felicidad.

Por tanto, la música origina muchos beneficios cuando una situación de estas características se vive en un entorno familiar, la música potencia las relaciones de la persona enferma con su entorno, facilita la tarea del cuidador y, ofrece un elemento de conexión con sus familiares. Por este motivo, la mejor terapia no farmacológica es dedicar cada día, un ratito de nuestro tiempo a escuchar música juntos, a cantar o, incluso, a bailar para así crear espacios compartidos y vínculos de unión entre la persona afectada y su cuidador, así como el entorno familiar en el que resida.